Psicología

¿Por qué los niños y niñas desobedecen?

en Psicología por Vanessa Yamuza



En Atenea Psicología es muy frecuente encontrarnos con madres y padres que nos solicitan intervenir con sus hijos “desobedientes”. Los progenitores suelen manifestar que se encuentran muy agotados a nivel mental debido a que han intentado atajar el problema de varias maneras pero no consiguen los resultados esperados. En algunos casos se encuentran desesperados porque sienten que la situación se les ha ido de las manos.

Lo primero que evaluamos es lo que están haciendo los progenitores. Es necesario determinar si ambos “van a una” o si por el contrario cada uno actúa por su cuenta, desautoriza o contradice lo que el otro hace o dice y esto último delante del menor. Deben ser conscientes de la necesidad de estar unidos en la educación de sus hijos. Los niños y niñas captan enseguida si no hay unión para salirse con la suya. Todos hemos sido niñas y niños, sabemos de lo que estamos hablando. Recordamos frases del tipo “verás cuando venga tu padre…” o “ no se lo digas a mamá…”. Si los padres y madres no forman un “frente común” propician con su actitud que los menores desobedezcan.

Las etiquetas que reciben los menores es un aspecto muy importante y base de muchos de los problemas de conducta que tratamos en consulta. Hablaremos de este tema con profundidad en próximas publicaciones. En este momento simplemente queremos destacar que el niño se comporta conforme a la etiqueta que se le pone. Hay que evitar describirlo cómo un niño o niña desobediente: tanto cuando se lo decimos directamente como en conversaciones con otras personas en las que el menor “está con la oreja puesta”, se está enterando de toda la conversación.

Hay que saber que tipo de estilo educativo poseen los padres. Existen cuatro estilos: democrático, autoritario, permisivo o indiferente. En consulta debemos promover que adquieran un estilo democrático porque es el que ha demostrado mejores resultados en la educación de los hijos.

Por otra parte hay que evaluar cómo es la comunicación entre madre/padre e hij@. Hay que ofrecer indicaciones sobre qué hacer y qué no hacer al hablar con los hijos. En próximos artículos profundizaremos en cómo comunicarnos con los hijos. En general hay que favorecer siempre la comunicación, cuando nos hablen siempre tenemos que atenderlos. En muchas ocasiones cuando desobedecen buscan llamar nuestra atención. Atender y reforzar los comportamientos positivos que tiene y si no el hecho de que esté dando pequeños pasos en la buena dirección. Cuando tiene un mal comportamiento mostrar ante todo tranquilidad, hacerle ver las consecuencias de lo que ha hecho mal o no ha hecho cuando haya pasado todo. La comunicación debe darse en un lugar y momento adecuado. Los ruidos, prisa o presencia de otras personas perjudica y podemos hacer algo que no beneficia al objetivo que queremos. Nuestra meta tiene que ser buscar alternativas a lo que acaba de ocurrir. No reñir por reñir.

Otro aspecto de la desobediencia es la claridad en las normas y límites que cada familia decide importantes. Nos encontramos que en muchas familias no hay unas normas establecidas. Las normas y los límites ayudan a los menores a aprender a vivir en sociedad, les ayudan a autocontrolarse y les dan seguridad. Tres reglas básicas en cuanto a las normas en casa: pocas, escritas en lenguaje positivo y consecuencias claras tanto de su cumplimiento como de su incumplimiento.

Si necesitas ayuda con tus hijos e hijas solicita cita previa.




¿Me tengo que preocupar por el comportamiento de mi hijo o hija?

en Psicología por Vanessa Yamuza

Esta es una de las consultas más frecuentes que recibimos de madres y padres en consulta. La preocupación de los progenitores sobre el mal comportamiento en la infancia es constante.

Es muy habitual que los padres y madres nos preocupemos cuando surgen comportamientos inadecuados, catalogamos como mal comportamiento algo que hace el niño que tiene consecuencias negativas, no nos gusta o es peligroso.

Intentamos resolver la situación cómo podemos, nadie nos ha enseñado como ser madres o padres, vamos aprendiendo día a día. En nuestra forma de manejarnos ante un comportamiento negativo de nuestra hija o hijo tiene mucho que ver la educación recibida en nuestra infancia. Podemos imitar el estilo educativo que tuvieron nuestros padres con nosotros o podemos hacer justamente lo contrario como una manera de revelarnos de cosas que entendemos desde la edad adulta que no se hicieron correctamente. En muchas ocasiones la influencia de nuestra infancia es totalmente inconsciente para nosotros pero determina sobre manera en cómo nos manejamos con nuestros hijos e hijas.

Volvemos a la pregunta del principio ¿me tengo que preocupar por el comportamiento de mi hijo o hija? la respuesta es si y no.

Sí porque los progenitores tenemos esa intuición que nos hace estar en estado de alerta cuando algo no marcha, es como si oliésemos el peligro acechando a nuestros hijos. Pero centrándonos en cuestiones concretas. También sí porque siendo objetivos es totalmente adaptativo preocuparnos cuando vemos que lo que ocurre genera consecuencias negativas y cómo madres y padres tenemos un resorte que nos impulsa a actuar.

Lo desadaptativo es preocuparnos en exceso. La preocupación excesiva nos paraliza, bloquea y no somos capaces de analizar y ver con claridad la situación para poder actuar en los factores que la desencadenan o mantienen.

Hay una frase que nos gusta y la mencionamos frecuentemente en terapia «no hay que preocuparse sino ocuparse».

Hay ocasiones en las que no me tengo que preocupar porque lo que le pasa al niño o niña es algo normal según su estadio evolutivo y etapa de desarrollo. Lo que ocurre es que este conocimiento no suelen tenerlo los progenitores si no se dedican a la Psicología, Medicina y otras ocupaciones relacionadas.

Lo que si podemos hacer es consultar con profesionales cuando tenemos dudas sobre un determinado comportamiento. Nos pueden ayudar y dar pautas para cambiarlo,  orientarnos sobre aspectos de nuestro estilo educativo que debemos modificar. Por último si no nos vemos capaces de hacerlo nosotros solos estos profesionales pueden trabajar mano a mano con nosotros: estableciendo objetivos, enseñándonos los recursos y estrategias para afrontar la situación y evaluando los resultados.

En Atenea Psicología somos especialistas en Psicología Infantil, pide cita previa en el  617159018. Atendemos de manera presencial y online.

6 Indicadores para saber si necesitas Terapia Psicológica

en Psicología por Vanessa Yamuza

– Tienes un grado de ansiedad tan alto que te impide hacer tu vida con normalidad, afecta a tu estado de ánimo, afecta a tu trabajo, a tus estudios, a tu vida familiar, a tu autonomía…

– Te sientes triste casi todos los días, no tienes ganas de hacer nada, descuidas tus obligaciones, sueles fijar tu atención en lo negativo, piensas que el futuro no te traerá nada bueno y que no puedes hacer nada para evitarlo.

– No te quieres, no te ves bien física ni psicológicamente, tienes pensamientos del tipo «no valgo nada», «soy un/una desastre»…

– Has perdido a un ser querido hace un tiempo y sientes que no has vuelto a ser la misma persona.

– Ha habido cambios en tu vida a los que no te adaptas o te cuesta adaptarte.

– La pandemia y el confinamiento te están afectando: tienes inseguridad, miedos, cambios de humor que antes no tenías o se han acentuado.

Cuando has intentado resolver el problema y no logras conseguirlo lo mejor es pedir ayuda profesional.

En Atenea Psicología te ayudamos, llámanos al 617159018. Atendemos de manera presencial y online.

Miedos y fobias infantiles

en Psicología por Vanessa Yamuza

Los miedos infantiles son uno de los motivos más frecuentes por los que se consulta al Psicólogo Infantil.

Sentir miedo es algo muy común, todas las personas en algún momento de su vida han sentido esta emoción, es decir no nos resulta extraño. Sin embargo cuando tenemos hijos que muestran un miedo desproporcionado o cuyas manifestaciones conductuales nos alarman empezamos a preocuparnos y a preguntarnos si este miedo es «normal» o no.

A lo largo de la historia el miedo ha tenido una función positiva para la evolución de la especie porque ha servido como mecanismo de defensa para lograr su supervivencia.

Por esta razón el miedo por sí sólo no se debe considerar como patológico. De hecho más del 40% de los menores de edad experimentan miedo intenso.

Conforme el ser humano se va desarrollando y va madurando a nivel cognitivo va pasando por periodos de tiempo en los que es normal tener determinados miedos que están en concordancia con su grado de desarrollo.

En los primeros años de vida los miedos están relacionados con ruidos fuertes, pérdida de la base de sustentación y desconocidos.

En la educación infantil predominan los miedos a animales, oscuridad, heridas, separación de los padres, personas disfrazadas y catástrofes naturales.

En los primeros años de primaria se tiene miedo de seres fantásticos como por ejemplo las brujas, las tormentas, la soledad.

En la preadolescencia prevalece el miedo a las enfermedades, accidentes, desavenencias de los padres y al ridículo.

Los miedos característicos de la adolescencia son:  miedo a los cambios en la apariencia física, dificultad en las relaciones interpersonales, fracaso escolar.

¿Cómo podemos saber si un miedo se está convirtiendo en una fobia?

Dos señales nos pueden indicar que estamos ya ante una fobia:

– La respuesta del niño es desproporcionada, su comportamiento es exagerado teniendo en cuenta el grado de amenaza objetiva.

– La respuesta del niño es desadaptada, el malestar experimentado por el niño y su comportamiento afecta negativamente a su desarrollo personal, a su ambiente familiar, se ven afectados su rendimiento académico y sus relaciones sociales.

 

En Atenea Psicología estamos especializados en el tratamiento de miedos y fobias infantiles.
Cita previa en el 617159018 o 957630982.

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