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Hasta un 45% de niños testigos de violencia familiar tiene problemas psicológicos serios

en Noticias por Vanessa Yamuza

«Hasta un 45% de niños testigos de violencia familiar tiene problemas psicológicos serios»

Os dejo el enlace de una entrevista realizada a Concepción López Soler, Profesora de Psicopatología Infantil y jefa de la unidad hospitalaria de Psicología Pediátrica de Murcia. En esta entrevista analiza las consecuencias psicológicas y comportamentales de la exposición al maltrato en los menores.

Se hace necesario tratar también a los menores ya que son las víctimas más vulnerables.

http://www.lne.es/oviedo/2012/10/22/45-ninos-testigos-violencia-familiar-problemas-psicologicos-serios/1315239.html

 

 

 

 

 

En busca de la felicidad…

en Psicología por Vanessa Yamuza

En busca de la felicidad…

 

 

En estos tiempos de crisis hablar de felicidad puede parecer una utopía.

Cuando las noticias que nos invaden son tan negativas que parece que vamos directos al desastre, cuando vemos que todo a nuestro alrededor se derrumba a nuestros pies, cuando la negatividad invade nuestra vida y no encontramos la salida, en ese mismo momento, debería encenderse una alarma en lo alto de nuestra cabeza que nos hiciera parar en seco y preguntarnos ¿qué me está pasando?…

Los problemas están ahí, son reales, el mundo ideal no existe, la injusticia está a la orden del día. Hay cosas que simplemente no podemos controlar, porque no está en nuestra mano. Es muy difícil aceptar que no podemos hacer nada ante determinadas circunstancias como quedarse en el paro, padecer una enfermedad, etc. Muchas personas en estas situaciones se quedan paralizadas, no pueden entender que las cosas son así y no hay vuelta a atrás. Solo les queda el recurso del pataleo y la queja pero esto no sirve absolutamente para nada más que para hundirse en un pozo del que es difícil salir.

El primer paso es que se encienda la alarma, pero esta herramienta o viene de serie en la persona o hay que instalarla en su cabeza con ayuda de un profesional (es broma, una imagen). La propia persona no se da cuenta de que sus pensamientos le están hundiendo (como una gota que cae de manera intermitente pero constante provocando un socavón en el suelo). En este caso será necesaria la colaboración de un familiar o amigo que le haga ver a la persona que así no puede seguir y que necesita ayuda. Dirán los amigos o familiares que esto es muy difícil, no tanto, lo que pasa es que hay unas fórmulas más efectivas que otras. Para unas personas bastará con pedirles cita para el profesional, para otras servirá «obligarlo» de manera tajante, para otras convencerlo. La fórmula que consigue éxito seguro es disponer las cosas para que sea la propia persona la que se de cuenta de que así no puede seguir. Si no hay consciencia de que tiene un problema difícilmente va a seguir un tratamiento en el que debe ser parte activa.

La aceptación no implica motivación, esto quiere decir que una cosa es que sea consciente de mi problema y otra que haga determinados cambios para solucionarlo. La aceptación ayuda muchísimo porque conocemos por qué nos ocurre lo que nos ocurre pero no es suficiente. Esto lo he visto muchas veces en la consulta, la persona reconoce lo que le está pasando, lo comprende pero cuesta mucho esfuerzo cambiar. El profesional tiene en este momento un papel fundamental el de motivar y reforzar los logros que poco a poco se van consiguiendo, establecer pequeños objetivos que nos lleven a los objetivos más complicados (como cuando subimos una escalera muy larga, escalón a escalón y sabemos que en casa nos espera nuestra comida preferida. Es mejor subir de uno en uno que no subir más, tropezar y caernos). De esta manera la persona va sintiendo cada vez más confianza en sus posibilidades lo que mejora su rendimiento. Es un círculo a mayor confianza en uno mismo mayor efectividad en la resolución de sus problemas.

Volviendo a lo de antes no podemos cambiar las circunstancias pero si nuestra manera de afrontarlas.

En la situación actual nos vemos inmersos en una espiral de negatividad, estamos focalizados en lo negativo, atendemos a lo malo sin darnos cuenta de que a nuestro alrededor pasan cosas positivas. Tenemos que ponernos las «gafas detectoras» del positivismo para afrontar con otra actitud la realidad. Ya se que cuesta mucho pero vale la pena intentarlo.

Para acabar dejaros un diálogo de la película «En busca de la felicidad» sobre el poder que tienen las personas.

«Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo, ni siquiera yo. Si tienes un sueño, ve a por él, la gente que no lo consiguió te dirá que no lo lograrás, pero si tienes un sueño, persíguelo y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos».

CARTA DE UN FISCAL A LOS ENFERMOS MENTALES

en Psicología por Vanessa Yamuza

CARTA DE UN FISCAL A LOS ENFERMOS MENTALES

«Sé muy bien lo que dice de mí la gente, pues no se me oculta la mala fama que tengo, aún entre los más necios. Pero yo soy la única, sí, la única que, cuando quiero, hago reír a los dioses y a los hombres. Y prueba evidente de ello es que, tan pronto como he comenzado a hablar ante esta numerosa audiencia, vuestros rostros se han iluminado con nueva y no acostumbrada alegría. Habéis desarrugado el ceño, acompañado vuestros aplausos con una risa franca y amable (…) apenas me habéis visto aparecer, se os ha dibujado un nuevo semblante. Algo así como cuando un nuevo sol muestra su rostro resplandeciente a la tierra; o como cuando la primavera, empujada por un blando céfiro, renueva la faz de las cosas, les da un color distinto y les devuelve su juventud. Con estas palabras el humanista Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la locura hacía que la misma se presentara. En el siglo XIX el poeta alemán Heinrich Heine decía que: “La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.” Y Pinel, considerado el gran libertador de la locura durante la Revolución Francesa añadía: “Ciudadano, estoy convencido de que estos locos son tan intratables sólo debido a que han sido privados del aire y de la libertad”. Sin duda, visiones placenteras del enfermo mental que vosotros sabéis que no se corresponden con la realidad. Mucho más dura, mucho menos agradable. Comentaba Enrique González Duro al comenzar su libro “Memoria de un Manicomio” en la que cuenta su paso por el Sanatorio Psiquiátrico de Jaén y los problemas que tuvo en nuestra provincia la implantación de lo que, entonces, se llamó “reforma psiquiátrica”, que si preguntásemos a la gente de la calle sobre los enfermos mentales, sobre lo que realmente piensa de los locos, la respuesta sería más o menos ésta: » Los locos me dan miedo, pena o asco. La verdad es que no me preocupan, que me traen sin cuidado. Pero mejor no verlos ni olerlos. Me pasa como con los moros o los gitanos, mientras más lejos, mejor; que no vengan a incordiar, que no molesten, que los quiten de en medio, que los encierren, como siempre se ha hecho, en un lugar aparte, en un sitio cerrado, donde no sean vistos ni oídos ni olidos, donde puedan ser olvidados: Los locos son de otra parte y han de estar en otro mundo”.

Recuerdo que, cuando era un joven estudiante de los primeros cursos de derecho, tuve la oportunidad de asistir a unas Jornadas que sobre la locura (así se titulaban) se celebraba en la sede de la CNT de Granada. En aquellos años, principios de los 80, estaba empezando en nuestra ciudad la llamada reforma psiquiátrica y había un cierto desasosiego social sobre lo que suponía “dejar salir a los locos a la calle”. Quizás por ello me dio, sin tener relación alguna entonces con el mundo de la salud mental, por asistir a aquellas jornadas. En ellas González Duro impartió una conferencia sobre la experiencia de Jaén. Tras ella se abrió un turno de preguntas y a mí se me ocurrió preguntarle si existía la locura. Su respuesta fue que, médicamente, la locura no existe, lo que existe es la enfermedad mental y, lógicamente, los enfermos mentales. Recuerdo, muchas veces, aquella respuesta. La enfermedad mental es algo accesorio, como cualquier otra enfermedad. La condición de persona, digna y libre, portadora de unos valores innatos que la trascienden, es lo principal, lo sustantivo. El enfermo aquejado por una patología mental es, ante todo, una persona, un ser humano. Mi compañero Fernando Santos cuenta una interesante anécdota que refleja lo que queremos decir: un viejo Fiscal presenta una demanda de incapacitación y el demandado acude a su despacho para que se le explique el porqué. El viejo Fiscal tras recibir a la persona que le parece completamente lúcida y capaz, estudia la documentación y le comunica:- ¡Ah claro! Es usted esquizofrénico paranoide. Y el buen hombre le contesta:- Perdone usted señor Fiscal. Yo lo que soy es fontanero y, a veces, me pongo enfermo. Anécdota clarificadora.

Añadamos que el desarrollo personal del ser humano no conoce límites. La persona que padece una enfermedad mental tampoco los conoce. Por solo poner unos cuantos ejemplos de los que Vallejo-Nájera llamó “locos egregios” que son puntales de nuestra memoria cultural e histórica: -En el arte el pintor Vincent van Gogh, psicótico que tuvo que ser internado en el sanatorio de Saint-Remy.-En la religión San Juan de Dios, el Juan Ciudad que, tras ser ingresado en un manicomio de Granada, fundó la Orden Hospitalaria que lleva su nombre tras comprobar las condiciones de los atendidos allí.-El matemático Jhon Nash, Premio Nóbel de Economía en 1994 por su teoría del equilibrio, que fue internado varias veces debido a su esquizofrenia y cuya vida inspiró la película“ Una mente maravillosa” ganadora de varios Oscar, y que refleja perfectamente como el apoyo familiar y social, y el deseo de vivir puede permitir una vida completamente normalizada del enfermo.-El músico Mozart, aquejado de depresión y muchos otros virtuosos de la música. Artistas, santos, científicos. Enfermos mentales. Personas. Hombres y mujeres que pueden llegar donde quieran con un poco de apoyo y de comprensión. Seres humanos con el principal derecho que tenemos todos y que, sorprendentemente, no es recogido en nuestras constituciones, aunque si lo sea en el preámbulo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 4 de julio de 1776: el de buscar la felicidad. Es sintomático que el primer sanatorio psiquiátrico europeo sea el de Nuestra Sra. de los Inocentes de Valencia, fundado en 1409 por Fray Juan Gilabert Joffre, comendador del Convento de Nuestra Señora de la Merced, tras ver como unos jóvenes se burlaban de un pobre enfermo de locura. Seres inocentes son sin duda, con la misma capacidad que los demás para ser felices o desgraciados, y que precisan del apoyo contra las barreras que su enfermedad les impone.

Desde las Secciones de Protección a las Personas con Discapacidad andaluzas llevamos mucho tiempo pidiendo a las asociaciones de afectados y a los familiares que le den una oportunidad al derecho. Este no va a solucionarlo todo, no tiene todas las respuestas, ni hará desaparecer el problema. Todos sabemos que los enfermos mentales necesitan tratamiento médico, pero también una profunda intervención social y, por qué no, una intensa protección jurídica de sus derechos y de los riesgos que, en la vida legal y social, su situación genera. Nosotros tenemos muy claro la máxima de Hipócrates dirigida a los médicos: “Si puedes curar, cura; si no puedes curar, palia; si no puedes paliar, escucha”. Kant decía que la locura (y perdón por usar, una vez más, una palabra cargada de connotaciones negativas) consiste en la sustitución del sentido común por el sentido propio. Por eso nos es tan difícil entenderla e incluso nos da tanto miedo. Pero para entender tenemos que escuchar a los que viven y sufren el problema. Tenemos que acercarnos a ellos. Acercarnos a vuestra lucha y a vuestros anhelos.

Termino ya. Quiero hacerlo con un poema de Bertolt Brecht que, sin duda todos conocemos y que nos llama a intervenir, cuando todavía hay tiempo, por las personas que están en riesgo como una forma de salvarnos nosotros mismos:

«Primero cogieron a los comunistas, y yo no dije nada porque yo no era un comunista. Luego se llevaron a los judíos y no dije nada porque yo no era un judío. Luego vinieron por los obreros, y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista. Luego se metieron con los católicos, y no dije nada porque yo era protestante. Y cuando finalmente vinieron por mí no quedaba nadie para protestar».

Autor: Cristóbal Francisco Fábrega Ruiz, Fiscal de la Sección de Protección de Personas con Discapacidad de la Fiscalía de Jaén.

Hoy 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental, me gustaría abrir un debate sobre la carta ¿qué os parece?

Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo. Albert Einstein

en Psicología por Vanessa Yamuza

La primera entrada de mi blog la quiero dedicar a reflexionar sobre la frase de cabecera que he escogido para el mismo «Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo»

Me encanta esta frase porque refleja una circunstancia que se da con mucha frecuencia en la sociedad. Ante un determinado problema hay personas que repiten una y otra vez el mismo procedimiento para resolverlo consiguiendo nulos resultados. Puede que lo que hacían antes ahora ya no sirva porque las circunstancias externas han cambiado o puede que simplemente no sea la forma adecuada de solucionarlo. Sea lo que sea está evidenciado que la persona no ha hecho un análisis del problema para descubrir que está ocurriendo.

El hecho de fracasar de manera reiterada nos hace empezar a cuestionarnos a nosotros mismos «soy torpe», «no sirvo para nada»… Nos etiquetamos de manera negativa, baja nuestra autoestima y esto nos hace ser menos eficaces. Se entra en un círculo vicioso que nos lleva a la inactividad «para que voy a hacer algo si no voy a lograr nada». Entonces aparece la fase de queja «que mala suerte tengo».

HAY QUE CORTAR CON ESTE CÍRCULO DE PENSAMIENTOS

Si lo que he hecho hasta ahora no funciona ¿para qué seguir haciendo lo mismo? Unas veces por cabezonería y otras hay que reconocer por comodidad. Nos hemos acomodado a actuar así y no queremos cambiar porque el cambio cuesta. Es más fácil quejarse. Cambiar supone un gran esfuerzo porque se tiene que desaprender lo aprendido a través de muchos años.

Aquí os dejo los pasos a grandes rasgos de la solución de problemas:

– Reconocer que el problema existe

– Definición del problema

– Generación de soluciones alternativas

– Selección de la mejor solución

– Puesta en práctica

– Evaluación del resultado

Desde mi punto de vista todas las personas tienen el poder para cambiar solo necesitan la ayuda adecuada.

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