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Miedos y fobias infantiles

en Psicología por Vanessa Yamuza Deja un comentario

 

 

Los miedos infantiles son uno de los motivos más frecuentes por los que se consulta al Psicólogo Infantil.

Sentir miedo es algo muy común, todas las personas en algún momento de su vida han sentido esta emoción, es decir no nos resulta extraño. Sin embargo cuando tenemos hijos que muestran un miedo desproporcionado o cuyas manifestaciones conductuales nos alarman empezamos a preocuparnos y a preguntarnos si este miedo es “normal” o no.

A lo largo de la historia el miedo ha tenido una función positiva para la evolución de la especie porque ha servido como mecanismo de defensa para lograr su supervivencia.

Por esta razón el miedo por sí sólo no se debe considerar como patológico. De hecho más del 40% de los menores de edad experimentan miedo intenso.

Conforme el ser humano se va desarrollando y va madurando a nivel cognitivo va pasando por periodos de tiempo en los que es normal tener determinados miedos que están en concordancia con su grado de desarrollo.

En los primeros años de vida los miedos están relacionados con ruidos fuertes, pérdida de la base de sustentación y desconocidos.

En la educación infantil predominan los miedos a animales, oscuridad, heridas, separación de los padres, personas disfrazadas y catástrofes naturales.

En los primeros años de primaria se tiene miedo de seres fantásticos como por ejemplo las brujas, las tormentas, la soledad.

En la preadolescencia prevalece el miedo a las enfermedades, accidentes, desavenencias de los padres y al ridículo.

Los miedos característicos de la adolescencia son:  miedo a los cambios en la apariencia física, dificultad en las relaciones interpersonales, fracaso escolar.

¿Cómo podemos saber si un miedo se está convirtiendo en una fobia?

Dos señales nos pueden indicar que estamos ya ante una fobia:

– La respuesta del niño es desproporcionada, su comportamiento es exagerado teniendo en cuenta el grado de amenaza objetiva.

– La respuesta del niño es desadaptada, el malestar experimentado por el niño y su comportamiento afecta negativamente a su desarrollo personal, a su ambiente familiar, se ven afectados su rendimiento académico y sus relaciones sociales.

 

En Atenea Psicología estamos especializados en el tratamiento de miedos y fobias infantiles.

Cita previa en el 617159018 o 957630982.

 

 

¿Qué hace que unos padres den el paso de acudir a un Psicólogo Infantil?

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Lo más normal es que la petición de ayuda externa se realice tras un tiempo bastante extenso en el que los progenitores por ellos mismos han intentado solucionar el problema una y otra vez sin conseguirlo llegando incluso a empeorarlo en algunas ocasiones.

Por otra parte suele haber en la petición de ayuda un factor precipitante, una última situación que desencadena la conciencia de que esto se les ha ido de las manos, perciben que ya no tienen control sobre la situación.

Llegados a este punto sería lógico pensar que la mayoría de padres o madres buscarían ayuda profesional, igual que cuando estamos enfermos vamos al médico o cuando tenemos caries vamos al dentista. Sin embargo esto no ocurre de manera tan directa.

¿Por qué?, ¿Qué mecanismo hace que cuando se trata de aspectos mentales o de comportamiento tengamos tantas reticencias a pedir ayuda para nuestros hijos?

El aspecto clave sería si consideramos que los “culpables” de esta situación somos nosotros o es nuestro hijo.

Si pensamos que es nuestro hijo el causante del problema y que deberá modificar determinados aspectos, vamos a tener más facilidad para pedir ayuda. Por el contrario si pensamos que somos nosotros los causantes del problema, por acción u omisión, vamos a tener más dificultad para pedir ayuda.

¿Por qué ocurre esto?

Una de las razones de peso son las ideas que tenemos acerca de nuestro rol como padres o de cómo ser “buenos” padres.

Entonces nos encontramos con que damos muchas vueltas para solicitar ayuda porque pensamos que el profesional va a cuestionarnos como padres, nos va a juzgar y nuestra autoestima va a quedar resentida.

En contra de lo que mucha gente puede pensar, en terapia esto no ocurre.

El Psicólogo no va a dedicarse a juzgarte, sino que te va a orientar sobre cómo hacer las cosas de manera diferente para conseguir resultados diferentes. Para ello evaluará tu manera de educar y relacionarte con tu hijo con la finalidad de detectar: lo que haces bien para que lo mantengas, lo que haces mal para que lo modifiques y además te enseñará herramientas y estrategias que no conocías que son muy útiles en estas situaciones.

El Psicólogo va a ayudarte a resolver ese problema que tienes con tu hijo no va a infravalorarte ni menospreciarte, su objetivo es que soluciones el problema.

Normalmente en todos los conflictos entre padres e hijos hay distintos niveles de responsabilidad por lo que no solamente se trabaja con los padres sino que en muchas ocasiones se trabaja también con los hijos o de manera conjunta.

Preguntas frecuentes de los padres y madres en terapia

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Os recomendamos nuestro último programa en Radio Posadas donde damos respuesta a algunas preguntas que suelen hacernos los padres y madres de niños de primaria y que por su frecuencia en consulta creemos que va a ser de vuestro interés. Si quieres escuchar el programa pincha aquí 

Dudas acerca de acudir o no a un Psicólogo Infantil

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¿Cuándo es necesario acudir al Psicólogo para solucionar un problema de comportamiento en nuestros hijos?

Igual que cuando el niño tiene un resfriado acudimos al médico o cuando tiene una caries acudimos al dentista, cuando el niño tiene un problema de comportamiento o emocional debemos acudir a un Psicólogo que es el profesional adecuado para tratar estos temas.

¿Qué tipos de problemas son los que trata el Psicólogo con más frecuencia?

Ansiedad: observamos que nuestro hijo está siempre muy nervioso, tiene miedos no acordes a su edad, se aísla o tiene dificultades de relación con sus iguales…

Depresión: vemos que nuestro hijo está triste con mucha frecuencia, lo vemos desmotivado con actividades en las que antes disfrutaba, llora a menudo, está apático, tiene cambios en apetito, sueño o tiene la autoestima por los suelos…

Desobediencia y rabietas: notamos que el niño no hace caso cuando le pedimos que haga algo, le tenemos que repetir las cosas muchas veces, coge rabietas cuando no consigue lo que quiere, nos sentimos impotentes para afrontar estas situaciones y no sabemos qué hacer para cambiar estos comportamientos.

Déficit en asertividad y habilidades sociales: observamos dificultad para defender sus derechos o respetar los derechos de los demás, notamos que le cuesta relacionarse. No tiene tolerancia a la frustración…

¿En que consiste el tratamiento?

Se realizará una primera entrevista con los padres en la que se recogerán datos y se determinará el motivo de la consulta. Posteriormente se valorará la necesidad de realizar una evaluación en profundidad o solamente ofrecer una pautas sencillas. En caso de que se requiera tratamiento, tras la evaluación se determinará si la intervención se realizará solo con el menor, con el menor y los progenitores o sólo con los progenitores, estableciendo unos objetivos de tratamiento para posteriormente evaluar los resultados.

 

 

 

 

 

 

 

 

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