CARTA DE UN FISCAL A LOS ENFERMOS MENTALES

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CARTA DE UN FISCAL A LOS ENFERMOS MENTALES

“Sé muy bien lo que dice de mí la gente, pues no se me oculta la mala fama que tengo, aún entre los más necios. Pero yo soy la única, sí, la única que, cuando quiero, hago reír a los dioses y a los hombres. Y prueba evidente de ello es que, tan pronto como he comenzado a hablar ante esta numerosa audiencia, vuestros rostros se han iluminado con nueva y no acostumbrada alegría. Habéis desarrugado el ceño, acompañado vuestros aplausos con una risa franca y amable (…) apenas me habéis visto aparecer, se os ha dibujado un nuevo semblante. Algo así como cuando un nuevo sol muestra su rostro resplandeciente a la tierra; o como cuando la primavera, empujada por un blando céfiro, renueva la faz de las cosas, les da un color distinto y les devuelve su juventud. Con estas palabras el humanista Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la locura hacía que la misma se presentara. En el siglo XIX el poeta alemán Heinrich Heine decía que: “La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.” Y Pinel, considerado el gran libertador de la locura durante la Revolución Francesa añadía: “Ciudadano, estoy convencido de que estos locos son tan intratables sólo debido a que han sido privados del aire y de la libertad”. Sin duda, visiones placenteras del enfermo mental que vosotros sabéis que no se corresponden con la realidad. Mucho más dura, mucho menos agradable. Comentaba Enrique González Duro al comenzar su libro “Memoria de un Manicomio” en la que cuenta su paso por el Sanatorio Psiquiátrico de Jaén y los problemas que tuvo en nuestra provincia la implantación de lo que, entonces, se llamó “reforma psiquiátrica”, que si preguntásemos a la gente de la calle sobre los enfermos mentales, sobre lo que realmente piensa de los locos, la respuesta sería más o menos ésta: ” Los locos me dan miedo, pena o asco. La verdad es que no me preocupan, que me traen sin cuidado. Pero mejor no verlos ni olerlos. Me pasa como con los moros o los gitanos, mientras más lejos, mejor; que no vengan a incordiar, que no molesten, que los quiten de en medio, que los encierren, como siempre se ha hecho, en un lugar aparte, en un sitio cerrado, donde no sean vistos ni oídos ni olidos, donde puedan ser olvidados: Los locos son de otra parte y han de estar en otro mundo”.

Recuerdo que, cuando era un joven estudiante de los primeros cursos de derecho, tuve la oportunidad de asistir a unas Jornadas que sobre la locura (así se titulaban) se celebraba en la sede de la CNT de Granada. En aquellos años, principios de los 80, estaba empezando en nuestra ciudad la llamada reforma psiquiátrica y había un cierto desasosiego social sobre lo que suponía “dejar salir a los locos a la calle”. Quizás por ello me dio, sin tener relación alguna entonces con el mundo de la salud mental, por asistir a aquellas jornadas. En ellas González Duro impartió una conferencia sobre la experiencia de Jaén. Tras ella se abrió un turno de preguntas y a mí se me ocurrió preguntarle si existía la locura. Su respuesta fue que, médicamente, la locura no existe, lo que existe es la enfermedad mental y, lógicamente, los enfermos mentales. Recuerdo, muchas veces, aquella respuesta. La enfermedad mental es algo accesorio, como cualquier otra enfermedad. La condición de persona, digna y libre, portadora de unos valores innatos que la trascienden, es lo principal, lo sustantivo. El enfermo aquejado por una patología mental es, ante todo, una persona, un ser humano. Mi compañero Fernando Santos cuenta una interesante anécdota que refleja lo que queremos decir: un viejo Fiscal presenta una demanda de incapacitación y el demandado acude a su despacho para que se le explique el porqué. El viejo Fiscal tras recibir a la persona que le parece completamente lúcida y capaz, estudia la documentación y le comunica:- ¡Ah claro! Es usted esquizofrénico paranoide. Y el buen hombre le contesta:- Perdone usted señor Fiscal. Yo lo que soy es fontanero y, a veces, me pongo enfermo. Anécdota clarificadora.

Añadamos que el desarrollo personal del ser humano no conoce límites. La persona que padece una enfermedad mental tampoco los conoce. Por solo poner unos cuantos ejemplos de los que Vallejo-Nájera llamó “locos egregios” que son puntales de nuestra memoria cultural e histórica: -En el arte el pintor Vincent van Gogh, psicótico que tuvo que ser internado en el sanatorio de Saint-Remy.-En la religión San Juan de Dios, el Juan Ciudad que, tras ser ingresado en un manicomio de Granada, fundó la Orden Hospitalaria que lleva su nombre tras comprobar las condiciones de los atendidos allí.-El matemático Jhon Nash, Premio Nóbel de Economía en 1994 por su teoría del equilibrio, que fue internado varias veces debido a su esquizofrenia y cuya vida inspiró la película“ Una mente maravillosa” ganadora de varios Oscar, y que refleja perfectamente como el apoyo familiar y social, y el deseo de vivir puede permitir una vida completamente normalizada del enfermo.-El músico Mozart, aquejado de depresión y muchos otros virtuosos de la música. Artistas, santos, científicos. Enfermos mentales. Personas. Hombres y mujeres que pueden llegar donde quieran con un poco de apoyo y de comprensión. Seres humanos con el principal derecho que tenemos todos y que, sorprendentemente, no es recogido en nuestras constituciones, aunque si lo sea en el preámbulo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 4 de julio de 1776: el de buscar la felicidad. Es sintomático que el primer sanatorio psiquiátrico europeo sea el de Nuestra Sra. de los Inocentes de Valencia, fundado en 1409 por Fray Juan Gilabert Joffre, comendador del Convento de Nuestra Señora de la Merced, tras ver como unos jóvenes se burlaban de un pobre enfermo de locura. Seres inocentes son sin duda, con la misma capacidad que los demás para ser felices o desgraciados, y que precisan del apoyo contra las barreras que su enfermedad les impone.

Desde las Secciones de Protección a las Personas con Discapacidad andaluzas llevamos mucho tiempo pidiendo a las asociaciones de afectados y a los familiares que le den una oportunidad al derecho. Este no va a solucionarlo todo, no tiene todas las respuestas, ni hará desaparecer el problema. Todos sabemos que los enfermos mentales necesitan tratamiento médico, pero también una profunda intervención social y, por qué no, una intensa protección jurídica de sus derechos y de los riesgos que, en la vida legal y social, su situación genera. Nosotros tenemos muy claro la máxima de Hipócrates dirigida a los médicos: “Si puedes curar, cura; si no puedes curar, palia; si no puedes paliar, escucha”. Kant decía que la locura (y perdón por usar, una vez más, una palabra cargada de connotaciones negativas) consiste en la sustitución del sentido común por el sentido propio. Por eso nos es tan difícil entenderla e incluso nos da tanto miedo. Pero para entender tenemos que escuchar a los que viven y sufren el problema. Tenemos que acercarnos a ellos. Acercarnos a vuestra lucha y a vuestros anhelos.

Termino ya. Quiero hacerlo con un poema de Bertolt Brecht que, sin duda todos conocemos y que nos llama a intervenir, cuando todavía hay tiempo, por las personas que están en riesgo como una forma de salvarnos nosotros mismos:

“Primero cogieron a los comunistas, y yo no dije nada porque yo no era un comunista. Luego se llevaron a los judíos y no dije nada porque yo no era un judío. Luego vinieron por los obreros, y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista. Luego se metieron con los católicos, y no dije nada porque yo era protestante. Y cuando finalmente vinieron por mí no quedaba nadie para protestar”.

Autor: Cristóbal Francisco Fábrega Ruiz, Fiscal de la Sección de Protección de Personas con Discapacidad de la Fiscalía de Jaén.

Hoy 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental, me gustaría abrir un debate sobre la carta ¿qué os parece?

en Psicología por Vanessa Yamuza 2 Comentarios
Vanessa Yamuza
Acerca de la autora: Vanessa Yamuza

Vanessa Yamuza López, Licenciada en Psicología por la Universidad de Granada, Master en Terapia de Conducta, Colegiada nº: AN04834, miembro del grupo de Trabajo de "Psicointrusismo y defensa para la profesión" de la Delegación de Córdoba del Colegio de Psicólogos, Directora de Atenea Psicología y colaboradora del Instituto Dermatológico Globalderm.

Trayectoria profesional: Desde que acabé mi formación reglada he trabajado como Psicóloga desarrollando diferentes proyectos de atención a la familia. También he trabajado como Educadora Social. Al mismo tiempo he realizado acciones formativas: charlas, talleres, escuela de padres, módulos de FPE, etc.

En el año 2012 me hice autónoma y abrí mi propia Consulta de Psicología, Atenea Psicología. En todo este tiempo el objetivo prioritario que ha guiado mi trabajo ha sido la satisfacción de mis pacientes. Mi orientación Cognitivo Conductual proporciona tratamientos eficaces.

A lo largo de mi trayectoria he realizado multitud de cursos del ámbito psicosocial. Pienso que nunca es tarde para aprender, siempre estoy formándome para ofrecer la mayor calidad.

Cuento con Seguro de Responsabilidad Civil. Mi Consulta está reconocida como Centro Sanitario Autorizado con NICA: 42242.

Psicóloga colegiada nº AN04834

2 Comentarios

  1. María Cortés

    Por las personas que están en riesgo como una forma de salvarnos nosotros mismos. ¿Y quién no está en riesgo hoy en día?… Será por las que no pueden protestar por sí mismas o sus ruegos no son escuchados… Lo digo como mujer mexicana adulta mayor miembro de una familia gay y feminista… Será suficiente para estar en riesgo?… Sólo me falta ser enferma mental, judia…ah¡ y pobre… Porque la pobreza es el peor de los riesgos… Porque un enfermo mental de buena clase es mejor que un pobrete por quien nadie da un céntimo… Y lo mismo diría de las otras categorías de riesgo. De todos los reclusos o externos, los que peor la pasan son los pobres…abandonados de toda red social de apoyo…extrajeros en su propia patria… Diría que la salud mental va agarrada de la mano de la solvencia económica…si no que lo digan los desempleados.

     
    • ateneapsicologia

      María, aquí en España la pobreza no es un impedimento para poder acceder a atención psicológica gratuita ya que en el Sistema de la Seguridad Social existen las áreas de salud mental atendidas por psicólogos y psiquiatras (serían los especialistas). Para los casos urgentes en los hospitales hay también plantas específicas para atender a los enfermos mentales. Hasta ahora los inmigrantes sin papeles estando empadronados en la ciudad donde residían tenían sanidad gratuita pero ahora con la crisis creo que tienen que pagar un tanto por cierto (no te puedo dar datos concretos porque acaba de salir). Me gustaría conocer la situación de Méjico, me interesa el tema.

      Muchas gracias por tu aportación, un saludo.

       

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